viernes, 10 de enero de 2014

LA PERSONALIDAD DESCONTROLADA O EXPLOSIVA

http://www.mercaba.org/Delgado/Personalidad/indice.htm



Hay personas que a veces se comportan de un modo sorprendente. Se enfadan exageradamente por una nimiedad y reaccionan con una agresividad totalmente desproporcionada. Se trata de un trastorno, más frecuente entre los hombres que entre las mujeres, que en terminología psiquiátrica norteamericana se denomina "trastorno explosivo intermitente".

No se sabe bien cuál es la causa de este trastorno, aunque se ha visto que se da más dentro de ciertas familias y que puede estar relacionado con alteraciones neurológicas, a veces de tipo epiléptico. También puede estar favorecido por traumatismos craneales y procesos inflamatorios cerebrales, así como por traumatismos cerebrales durante el parto. Se ha demostrado cómo el consumo de alcohol, por su efecto desinhibidor, favorece la aparición de las crisis.

Realmente no se puede decir que se trate de un trastorno de la personalidad. Parece tratarse de una anomalía específica del control de los impulsos, que no guarda una relación intrínseca con la estructura de la personalidad. No obstante, existen personas con tendencia a comportarse de un modo explosivo en determinadas situaciones en las que no se han podido hallar alteraciones ni antecedentes de patología neurológica. La psiquiatría clásica europea ha venido considerando estas alteraciones como trastornos de la personalidad, bajo la denominación de "psicopatía explosiva".

Principalmente la anomalía se manifiesta en forma de episodios aislados, crisis psicológicas, durante las cuales se producen una pérdida del control de los impulsos agresivos, que se pueden dirigir hacia cualquier persona conocida o desconocida o hacia objetos, propios o ajenos.

Esta especie de "ataques" pueden estar desencadenados por un motivo insignificante, especialmente  por ruidos intensos e inesperados, o más excepcionalmente por otro tipo de estimulos sensoriales como destellos luminosos o luces brillantes.

En cualquier caso, la crisis se desencadena por un motivo totalmente desproporcionado con el comportamiento que manifiestan. Por otro lado, es curioso que no se trate de personas habitualmente violentas o agresivas, si no que suelen ser correctos en su trato diario, lo que hace que esta conducta resulte aún más incomprensible para los que les conocen.

Tras la crisis, son ellos mismos los primeros que se sorprenden de su comportamiento, y pasados unos minutos, realmente se avergüenzan de ellos, lo cual les ocasiona sentimientos de culpa, reproches, y a veces problemas policiales o judiciales de cierta envergadura.

Todos estos conflictos hacen que terminen resignándose a una situación de franco aislamiento social, por el miedo a padecer alguna nueva crisis de pérdida de control de los impulsos agresivos y sus consecuencias.

Como resultado de estos episodios, se suele ocasionar un deterioro importante de sus relaciones afectivas, familiares y sociales. En pocas ocasiones se comprende que se trata de un trastorno psicopatológico, por lo que no se suele acudir a un tratamiento psiquiátrico salvo que se llegue a complicaciones jurídicas de cierta importancia que exija la intervención de un perito cualificado.

Principales características de la personalidad explosiva:
-         Periodos recortados de explosión de cólera.
-         La explosión se produce sin reflexión previa de lo sucedido.
-         La agresividad es desproporcionada en relación con el estímulo que la provoca.
-         Tras la explosión aparece arrepentimiento y culpabilidad.
-         No existe agresividad fuera de estos periodos.

PERSONALIDAD DESCONFIADA, CELOSA O PARANOIDE





El trastorno paranoide de la personalidad se caracteriza principalmente por la presencia, de un modo generalizado y permanente, de una desconfianza excesiva e injustificada hacia los demás. Es más frecuente en el hombre que en la mujer.

Son personas que siempre han sido desconfiadas, mal pensadas, recelosas, que siempre piensan que los demás les están intentando engañar o perjudicar de algún modo. Por esto suelen estar alerta de todo lo que los otros dicen o hacen, interpretando, muchas veces sin motivo, que están tramando algo contra ellos. Siempre encuentran algún motivo de sospecha, alguna señal oculta que, a su juicio, desvela los malos propósitos que los demás tienen hacia ellos. No creen en la lealtad de los otros y siempre piensan mal de los desconocidos, incluso de sus personas más allegadas.

Por eso son tan reservados, no confían en nadie. Si se dejasen conocer mejor, los otros sabrían como perjudicarles. Si expusiesen a los demás sus planes, estos podrían truncarse. No suelen ser capaces de estar relajados en presencia de otras personas, sino que están siempre tensos, dentro de un mundo que se les antoja perpetuamente amenazante.

                        Muchos tienden por esto a la soledad. Esta falta de confianza la transmiten a los demás, de tal modo que se crea una mutua sensación de desconfianza, generada por ellos, que sirve para reforzarles en su actitud inicial.
                        Su trato, su afectividad, suele ser extremadamente fría y distante, con actitudes demasiado racionales y calculadoras, de las que se suelen enorgullecer. No permiten que los demás descubran sus sentimientos, y se avergonzarían profundamente si, en un momento dado, alguien pudiese verles emocionados o con comportamientos que impliquen cierta ternura.

       Difícilmente son capaces de lograr lazos verdaderamente sanos, sencillos, abiertos, naturales, espontáneos y sinceros. Por el contrario, estos suelen ser fríos, distantes, rígidos, tensos, reservados, interesados, y artificiales.

            Su escasa emotividad y la naturaleza de las relaciones que establecen con los demás hace que resulte difícil encariñarse de ellos, lo cual le sirve para confirmar su interpretación hostil del mundo exterior.

          No soportan que nadie logre engañarles y se consumen si considera que alguna persona ha podido reírse de ellos, estafarles o tomarles por tontos.

                        Tiene poco sentido del humor. No suelen gastar bromas a los demás , y no soportan que se las gasten a ellos. Siempre las encuentran fuera de lugar y malintencionadas. Si en alguna ocasión excepcional sacan a relucir su sentido del humor, este resulta mordaz, áspero, satírico.

  Generalmente son muy críticos e intolerantes a la hora de juzgar a los demás, a los que siempre descubren fallos y malas intenciones. Sin embargo, difícilmente soportan las objeciones que les puedan hacer a ellos, ya que las interpretan siempre como ataques directos, consecuencia de la envidia o del odio. Además, rara vez las olvidan, permaneciendo años después un sentimiento de rencor por la presunta ofensa sufrida.

Con los fuertes y superiores suelen ser precavidos y envidiosos, y muestran su desprecio por los que consideran débiles o blandos. Son demasiado ambiciosos y suelen darse a sí mismos una importancia exagerada.

Son exigentes con los que dependen de ellos, e intolerantes con sus defectos y errores, que los recuerdan frecuentemente exagerando su  dimensión y repercusiones.

Suelen tener un concepto demasiado práctico y funcional de las cosas. Les interesan particularmente los progresos de la técnica, todo lo que se refiera a los nuevos aparatos, lo que son capaces de hacer, su exactitud, eficacia y comodidad. Por el contrario, desprecian los aspectos estéticos, no interesandose demasiado por el arte en sí mismo, salvo con alguna intencionalidad práctica de otra índole.

En este tipo de personalidad, los celos suelen ser extraordinariamente frecuentes. La desconfianza se extiende también a esta faceta en un sentido amplio. Suelen tener siempre en la cabeza la posibilidad que su pareja les pueda engañar en todos los planos, no solamente en el afectivo o sexual, sino también en el económico, con los hijos, etc. Esta situación puede ocasionar problemas importantes en las relaciones afectivas de estas personas, ya que la confianza es un pilar clave de la convivencia, particularmente de la conyugal. La desconfianza suele conducir a un distanciamiento afectivo, y muchas veces, siendo inicialmente injustificada, termina provocando motivos que la justifican, ya que a medio o largo plazo, puede incitar al otro a no decir la verdad, o a la infidelidad.

Es frecuente que a este trastorno de la personalidad se asocien otros, particularmente la paranoia, más conocida actualmente con el nombre de trastorno delirante paranoide. Esta alteración psiquica consiste esencialmente en la presencia de ideas delirantes, irreales, de las que se está plenamente convencido, a costa de una trama de detalles y de hechos minuciosamente relacionados, hasta el punto de que , aún resultando extraños y excepcionales pueden llegar a  resultar convincentes para los demás.
La temática de estas ideas delirantes puede ser muy variada. Lo más común es que se trata del convencimiento de que la pareja es infiel (trastorno delirante paranoide, tipo celotípico), pero otras veces, el delirio tiene otros contenidos.  Pueden creer que alguien les está persiguiendo, vigilando o perjudicando (tipo persecutorio), que alguna persona muy importante está muy enamorada de ellos (tipo erotomaniatico), que tienen algún defecto físico o enfermedad corporal (tipo somático), o que poseen una capacidad peculiar, mágica, paranormal (tipo grandioso).

Aunque es mucho menos frecuente, este trastorno de personalidad puede facilitar la aparición de otros trastornos psicopatológicos como la esquizofrenia paranoide. En estos casos, las ideas delirantes tienen un carácter mucho más absurdo y se asocian con alucinaciones generalmente auditivas o visuales, con pensamiento desorganizado e incoherente, y con otros síntomas más graves.

Principales características de la personalidad paranoide:
-         Desconfianza.
-         Suspicacia.
-         Frialdad y distanciamiento afectivo.
-         Actitud reservada.
-         Escaso sentido del humor.
-         Tendencia a la hipercrítica.
-         Intolerancia.
-         Preferencia por lo práctico.

LA PERSONALIDAD DEPENDIENTE


http://www.mercaba.org/Delgado/Personalidad/indice.htm


Las personas con un trastorno de la personalidad por dependencia se caracterizan, tal como su nombre indica, por una excesiva dependencia de otras personas en cuestiones fundamentales de la vida. Tienen una actitud esencialmente pasiva, dejando que sean los otros los que asuman sus responsabilidades y decidan continuamente por ellos, especialmente cuando se trata de asuntos importantes.

Esta alteración se da con más frecuencia entre las mujeres y obedece a una profunda inseguridad, a una gran falta de confianza en uno mismo, como consecuencia de una pobre valoración  de las propias capacidades y de la propia valía en general.

Al considerarse inútiles, incapaces de poder decidir o resolver cualquier cuestión de mediana dificultad o importancia, prefieren que sean los demás los que actúen por ellos, los que les digan lo que tienen que hacer. Su dependencia de los otros, suele llegar hasta el punto de solicitar que les digan en que deben trabajar, qué deporte han de realizar, cómo se deben divertir, o con quién se tienen que relacionar.

De este modo se establece una estrecha dependencia de ciertas personas sin cuya ayuda les resulta imposible vivir, pasándolo mal cuando estos se ausentan durante pequeños periodos de tiempo. Esta situación les lleva a mostrarse con aquellos de los que dependen con extraordinaria amabilidad y consideración, procurando acomodarse plenamente a todos sus deseos y caprichos; incluso en muchos casos, son capaces de soportar todo tipo de abusos y humillaciones con tal de poder continuar así y no verse obligados a regir su propia vida, lo cual les parece algo totalmente imposible y aterrador.

Este trastorno de la personalidad se corresponde con las descripciones que Adler hizo sobre el tipo de carácter neurótico en el cual la persona se resigna, asumiendo plenamente su sentimiento de inferioridad como algo evidente e inevitable, con lo cual se comporta como tal, mostrando permanentemente su incapacidad y con la sensación de no ser merecedor de nada.

A pesar de todo lo anterior, suelen vivir angustiados, pensando en lo que podían ser de ellos si la persona de la que depende muere o les abandona. Lo cual, junto con su inseguridad, y pobre imagen que tienen de sí mismo, facilitan que estas personas puedan padecer, además de este trastorno de la personalidad, trastornos de ansiedad y trastornos depresivas, a veces muy graves.

Principales características de la personalidad dependiente:
-         Excesiva dependencia de otras personas.
-         Autoimagen devaluada.
-         Incapacidad para asumir responsabilidades.
-         Inseguridad.
-         Indecisión.
-         Resignación.
-         Sumisión.

PERSONALIDAD PASIVA AGRESIVA




El trastorno pasivo agresivo de la personalidad, se caracteriza por una actitud pasiva, particularmente, en lo que se refiere en las obligaciones esenciales que cualquier persona tiene que asumir en la vida.

El término agresivo hace referencia a la agresión encubierta que subyace generalmente en estas personas, y que expresan indirectamente a través de su resistencia a colaborar o cumplir un papel dentro de su familia o de la sociedad. No obstante, no se suele evidenciar abiertamente esta conexión entre su pasividad y un auténtico resentimiento hacia determinadas personas o hacia la sociedad en general.

Son personas apáticas; que dan la impresión de que nada les interesa. Cuando sus padres o los responsables en el trabajo les exigen que hagan la tarea que les han encomendado, o simplemente que cumplan unas labores elementales, suelen reaccionar con irritabilidad, para continuar en la misma actitud que antes.
Son lentos, torpes, ineficaces. Pierden el tiempo, a veces deliberadamente, con el fin de irritar a los demás o de evitar que se les vuelva a encomendar esa tarea. Si se les recrimina, se asombran y se enfadan, a veces porque piensan que hacen las cosas mucho mejor de lo que los demás dicen.

Desprecian la postura de autoridad, aunque estas sean completamente razonables. Critican a los que les exigen o amonestan, entre burlas abiertas o a su espalda en muchos de los casos.
Carecen de sentido de la responsabilidad. Se pueden olvidar de tareas importantes, retrasarse y hacer las cosas fuera de plazo, etc. Generalmente tienden a aplazar cualquier actividad que no les resulta grata, y si lo hacen es a costa de un gran esfuerzo. Su falta de constancia y voluntad, unida a estos comportamientos irresponsables, hacen que tengan graves problemas escolares y laborales, hasta el punto que no son capaces de terminar los estudios o de mantener un puesto de trabajo.

Curiosamente, no es raro que sean conscientes de los problemas que a costa de su actitud, pueden tener en el futuro, siendo pesimistas en lo que a este se refiere; a pesar de lo cual y de los buenos consejos que les suelen dar las personas más allegadas, continúan con el mismo proceder.

Lo más común es que no sean capaces de mantener una independencia social y sobre todo económica, viviendo generalmente, mientras pueden, a costa de sus padres; para organizar su vida después estableciendo nuevas dependencias de otras personas o instituciones.

Su falta de actividad, su apatía y desinterés por casi todo, su progresiva inadaptación social y laboral, su profunda insatisfacción, etc, hacen que recurran con frecuencia a las drogas o al abuso del alcohol, lo cual sólo sirve para agravar las manifestaciones de este trastorno de personalidad. De hecho, muchas de estas personas terminan convirtiéndose en alcohólicas o drogadictas. También son frecuentes entre ellos las depresiones, particularmente el denominado trastorno distímico o depresión neurótica.


Características de la personalidad pasiva agresiva:
-         Desinterés y falta de estímulos.
-         Apatía y pasividad.
-         Ineficacia laboral y social, a veces intencionada.
-         Tendencia a aplazar cualquier tarea u obligación.
-         Frecuentes pérdidas de tiempo.
-         Irresponsabilidad.
-         Tozudez.
-         Olvido, a veces intencionado, de las tareas encomendadas.
-         Excesiva dependencia de otras personas.
-         Escasa receptividad hacia opiniones de los demás.
-         Irritabilidad.
-         Incapacidad o negativismo para asumir obligaciones.
-         Resentimiento o desprecio hacia personas con más autoridad.

LA PERSONALIDAD ANTISOCIAL






El trastorno antisocial de la personalidad se caracteriza fundamentalmente por la agresividad, la tendencia a comportamientos impulsivos o explosivos y por dificultades de adaptación e integración social que se traducen en conductas antisociales.

Lo habitual es que estas personas hayan presentado ya ciertas características específicas durante su infancia.

Han sido niños rebeldes, crueles, mentirosos, vagos, propensos a las riñas y peleas, a la delincuencia juvenil, al gamberrismo y consumo de alcohol y drogas. Cuando se integran dentro de grupos de jóvenes estos son marginales, sub o contraculturales. La práctica totalidad de sus miembros suelen tener a su vez una personalidad antisocial, con lo que desarrollan en grupo estas conductas delictivas y antisociales.

Son muy frecuentes las disputas y problemas escolares, tanto referidos a los compañeros como a los profesores, y su intolerancia a la disciplina del centro académico ya que son incapaces de asumir y respetar las normas de la escuela, no estudian y a menudo faltan a clase, por lo que cambian frecuentemente de colegio y su nivel educativo suele ser deficiente, a pesar de que la gran mayoría de los casos su inteligencia no es inferior a la normal.

Es un trastorno de personalidad que se da con más frecuencia entre los varones, especialmente si viven en un ambiente familiar inestable o marginal, en el que se les presta poca atención, vigilancia o cariño, se hace demasiada vida de calle o reciben malos tratos por parte de los padres. Por el contrario, se trata también de una alteración común en niños sobreprotegidos y mimados de familias en donde viven logrando de inmediato cualquier capricho, siendo educados con una excesiva liberalidad, tolerancia, casi sin ningún tipo de disciplina.

Se ha podido comprobar que es más facil que desarrollen esta anomalía los niños que han perdido a alguno o ambos padres durante la infancia, los hijos de divorciados, de alcoholicos y de padres que se llevan mal, que discrepan de sus planteamientos educativos, o que a su vez, tienen un trastorno similar de la personalidad.

Las familias o ambientes en los que existe un clima de falta de disciplina personal, de interés por el juego, en los que se valora más lo obtenido sin esfuerzo, el engaño en provecho propio, los comportamientos aprovechados, la picaresca infantil, etc, también facilita que el niño vaya desarrollando una personalidad antisocial.
Con el paso de los años, se añade una incapacidad para mantener un rendimiento laboral aceptable por absentismo laboral excesivo e injustificado, y dificultad de adaptación a las obligaciones, normas y responsabilidades de cualquier puesto de trabajo. Como consecuencia, les despiden o abandonan ellos mismos el empleo, aunque necesiten los ingresos que les proporcionan y no tengan otra oferta mejor. Estos cambios laborales, alternan con periodos prolongados o definidos en que no se realiza ninguna actividad.

Tampoco son capaces de abordar adecuadamente otras responsabilidades propias de la edad adulta, como la paternidad, tanto en el aspecto económico, como en el aspecto dietético, higiénico, o sanitario. Son personas impulsivas e imprudentes, más que por desprecio de riesgo, por no tener plena conciencia del mismo.
Pueden gastarse en caprichos personales o en el juego dinero imprescindible para la subsistencia elemental de la familia. En general, tienen una marcada tendencia a contraer deudas que después no satisfacen y a no asumir sus obligaciones financieras. El alcoholismo o la drogadicción pueden tomar un curso crónico, y con facilidad caen en el tráfico de drogas.

Su carácter impulsivo y agresivo les conduce a numerosas disputas y peleas, tanto con personas desconocidas como con sus familiares y seres más próximos.

Esta agresividad se puede dirigir a veces hacia sí mismos, conduciéndoles a realizar actos autolesivos violentos de forma impulsiva, aunque estos no suelen ser tan graves como para causarles la muerte.

En el plano afectivo, estas personas no están capacitadas para dar y recibir cariño, por lo que no consiguen, ni intentan, mantener durante un mínimo de tiempo relaciones íntimas, cálidas y responsables. Si se casan, al cabo de poco tiempo suele producirse el divorcio o la separación. Curiosamente, no es raro que su pareja tenga a su vez, un trastorno de la personalidad, o una personalidad histérica.

La mayoría de estas personas han tenido sus primeras relaciones sexuales a edades muy precoces, estando su psicosexualidad generalmente alterada. Abundan entre ellos las conductas sexuales promiscuas, la prostitución, y la homosexualidad o bisexualidad. También son más comunes entre ellos el estupro, el incesto y las desviaciones sexuales, particularmente el sadismo sexual, y los delitos sexuales que implican agresividad, como, por ejemplo, la violación.


Principales características de la personalidad antisocial:
-         Carácter irritable, agresivo y explosivo.
-         Ausencia de adecuada planificación en asuntos importantes.
-         Dificultades en el autocontrol de los impulsos.
-         Dificultad para dar y recibir afecto.
-         Ausencia de sentimientos de culpa y remordimiento.
-         Egoísmo. Despreocupación, desinterés por los demás.
-         Inestabilidad laboral y afectiva.
-         Dificultades de adaptación e integración social.
-         Desprecio por las normas sociales comúnmente admitidas.
-         Conductas delictivas y antisociales.
-         Consumo de alcohol y drogas. Tráfico de drogas.
-         Incapacidad para asumir obligaciones y responsabilidades.
-         Conductas imprudentes y de riesgo.
-         Desprecio de la verdad. Mentiras y engaños en provecho personal.
-         Promiscuidad sexual. Prostitución.
-         Homosexualidad. Bisexualidad. Desviaciones sexuales. Delitos sexuales.

LA PERSONALIDAD NARCISISTA





El trastorno narcisista de la personalidad se caracteriza fundamentalmente por un estar completamente volcado sobre uno mismo, con una actitud en la que destaca la autoimportancia, el culto a uno mismo. Se trata de personas con grandes deseos de originalidad, que viven pendientes de mantener y ofrecer a los demás una imagen irreal e idealizada de sí mismos con el fin de fascinarles y obtener su admiración. Todo lo que a ellos se refiere escapa de la vulgaridad, y hasta cuando hablan de sus problemas pretenden que éstos son "especiales". Es una continua necesidad de sorprenderles para lograr fascinarles.

Cuando están solos, se evaden a un mundo de fantasía en el que todo son triunfos, éxitos y gloria, viviendo plenamente a través de la imaginación estas situaciones, como un modo compensatorio de llevar a cabo los deseos que la vida real no es capaz de satisfacerles.

Suelen ser personas con una gran tendencia a compararse con los demás y muy envidiosas. Les molestan los triunfos ajenos como si éstos desluciesen su imagen, dificultando el poder ejercer su fascinación sobre los otros.

Exageran ante los demás los logros y honores que han obtenido en los diversos campos, intentando de este modo rodearse de un halo de genialidad que despierta la admiración de quienes les rodean. Esto es muy característico, ya que necesitan ser constantemente admirados, para de este modo reafirmar la imagen idealizada que tienen sobre sí mismos. Por esto, están siempre muy pendientes de las apariencias, de su imagen, de la impresión que causan en los otros y de las opiniones que los demás emiten sobre ellos.

Si alguna vez se produce una crítica peyorativa o se hace manifiesto algún fracaso personal, intentan justificarlo mediante mentiras o complicadas racionalizaciones, quedando, pese a ello, profundamente afectados, ya que entonces ven amenazada su autoestima.

Este tipo de situaciones les produce rabia, vergüenza o humillación, poniendo de manifiesto un oculto sentimiento de inferioridad. Otros, por el contrario, reaccionan ante las críticas de los demás con una aparente frialdad e indiferencia. Sin embargo, bajo esa falsa superioridad se vislumbra una exagerada dependencia de los juicios ajenos.

Los narcisistas están tan pendientes de sí mismos que apenas se pueden dar cuenta de los intereses y deseos de los demás, de sus preocupaciones o necesidades, de prácticamente nada de lo que les ocurre a los otros, con los que son incapaces de establecer una comunicación recíproca, franca y sincera.

Paradójicamente, los narcisistas sí que esperan favores especiales de los demás, como si fuese algo que mereciesen porque sí, por tratarse de ellos, y  a pesar de que ellos no asuman ni hayan nunca asumido, a su vez, obligaciones recíprocas.

Su indiferencia y despreocupación por lo que sienten los demás contrasta plenamente con el interés que  demuestran por todo lo suyo, limitándose en muchos casos a explotar a los demás para así lograr sus deseos y caprichos, a la vez que desprecian los intereses de éstos y sus derechos.

La comunicación afectiva con ellos adolece de superficialidad e irrealidad, como si se interpusiera una distancia insalvable que corresponde a su marcada falta de naturalidad, espontaneidad y sinceridad. Son incapaces de establecer unos lazos afectivos francos y sencillos.

Esta incapacidad para mostrarse tal cual son, se debe principalmente a un profundo miedo a perder la fascinación que creen ejercer sobre su pareja, con lo que generalmente ocultan sus propios sentimientos, ya que piensan que en caso de quedar estos al descubierto se vería dañada su imagen, perdiendo la admiración de los otros.

Por tanto, se comportan y dicen sentir exclusivamente aquello que creen que puede reforzar la imagen artificial y ficticia que ofrecen sobre sí mismos o impresionar a quienes les escuchan.

Por otro lado, les resulta muy dificil establecer una relación afectiva estable. Sus juicios de valor sobre las personas con las que establecen una relación íntima oscilan entre la idealización y la devaluación.

Generalmente se comienza con una exagerada idealización de la persona amada, que da paso a una intensa e injustificada devaluación. Este paso suele ser brusco, quedando defraudados por motivos insignificantes. Es como si de repente surgiese un sinfín de defectos que hasta ese momento había permanecido ocultos, a la par que las virtudes dejan de ser tales.

Se suele optar entonces por la ruptura, aunque en otros casos continúan alternándose sucesivamente estas fases de idealización y devaluación por tiempo indeterminado o hasta que la otra persona toma una resolución.

Su egocentrismo se traduce, muchas veces, en comportamientos donjuanescos, en los que la conquista de otra persona cumple esencialmente la función de servir para reafirmar la imagen idealizada de sí mismos. Enamorar a los demás implica para ellos la confirmación de su alto valor, como consecuencia del cual los otros le admiran y enamoran. Por eso, cuantas más personas se conquiste, más razones habrá para aumentar esa autoestima. Cuanto más dificil sea una persona de conquistar, mayor interés tiene para ellos el lograrlo, ya que reafirmará más la idea de su propio valor.

No existe una intención de amor, es decir, de dar y compartir afecto con el otro, sino que, incapaces de poder dar y recibir auténtico afecto, se limitan a manipular la relación con la única finalidad de acrecentar o sostener su propia autoestima.

El trastorno narcisista de la personalidad también se asocia frecuentemente con desviaciones sexuales o parafilias. Estas surgen en el narcisista como resultado de este mismo problema: se humilla a la pareja para demostrarse a sí mismos (y tal vez a los demás posteriormente) el cariño y admiración del que pueden ser objeto. Se recurre, entonces, con cierta frecuencia, a comportamientos sexuales sádicos con la pareja, a la que pueden someter a todo tipo de vejaciones, aludiendo incluso, a que si no aceptan, es porque no les quieren suficientemente, lo cual no supone más que una manipulación de sus sentimientos en pro de su afán patológico de autoafirmación.

Tras haber obtenido este resultado, pueden despreciar, paradojicamente a esta persona, que pierde súbitamente su valor, pudiendo pasar rápidamente de la idealización hasta el mayor desprecio hacia la persona con la que hasta ese momento venían manteniendo relaciones sexuales. Buscan de nuevo una pareja con la que reanudar una relación patológica, en este sentido, y a la cual, en muchos casos, acabarán destruyendo psicológicamente.

El narcisismo se asocia con mucha frecuencia, con el trastorno histriónico o histérico de la personalidad.

En estos casos aparecen síntomas propios de ambos trastornos.

También son frecuentes entre los narcisistas las depresiones, y en menor medida, las psicósis reactivas breves.


Principales características de la personalidad narcisista:
-         Egocentrismo.
-         Autoimportancia y autoidealización.
-         Necesidad de admiración.
-         Necesidad de originalidad.
-         Afán de fascinación.
-         Inestabilidad emocional.
-         Incapacidad afectiva.
-         Falta de naturalidad y espontaneidad.
-         Exagerada tendencia a la fantasía.
-         Despreocupación por los intereses de los demás.
-         Alteraciones de la psicosexualidad.

LA PERSONALIDAD INESTABLE



LA PERSONALIDAD INESTABLE O CICLOTIMICA.

Este trastorno de la personalidad se caracteriza esencialmente por la inestabilidad  del estado de ánimo. Son personas que pasan, con extraordinaria facilidad, de sentirse alegres y contentas, al abatimiento y al desánimo. El término ciclotímico se refiere precisamente a estas oscilaciones de aparición cíclica, en el terreno de lo timérico; es decir, en el campo de lo emocional y sentimental, de lo afectivo.

 Estas personas pasan de estar muy alegres, activas, simpáticas, cariñosas, ilusionadas y optimistas, con alta autoestima, a sentirse abatidas, tristes, desgraciadas, desilusionadas, irritables, hipersensibles, descorazonadas, inútiles y fracasadas.
Estos cambios suceden de un modo brusco y se experimentan en períodos de tiempo muy recortados, de horas o, a lo sumo, de poco más de un día, motivados por pequeños acontecimientos de la vida diaria, incluso, en algunos casos, sin que exista ninguna causa que aparentemente los justifique.

Lógicamente, estas bruscas modificaciones desconciertan a las personas con las que mantienen un trato más íntimo y cotidiano, que no saben cómo comportarse con ellas, ya que da la impresión de que cualquier pequeño comentario puede desatar una crisis.
Este trastorno de la personalidad parece tener un marcado carácter constitucional y hereditario, predisponiendo a quien lo posee al padecimiento de depresiones bipolares, también llamadas psicosis maniaco-depresivas.

Este tipo de depresiones se caracteriza precisamente por la alternancia de fases de depresión con fases de manía o euforia patológica. Estas fases son de una duración relativamente prolongada, al menos de unas semanas y generalmente de bastantes meses, si no se hace un tratamiento adecuado.

Durante las fases de depresión aparecen los síntomas típicos, como agotamiento, tristeza, desinterés, falta de ilusiones, pesimismo, alteraciones del sueño y apetito, dificultades de concentración y asociación de ideas, disminución de la creatividad, inseguridad, disminución de la autoestima, indecisión, tendencia a evitar las relaciones sociales, incapacidad para desarrollar las actividades habituales y deseos de muerte.

Cuando termina la fase depresiva, se puede pasar a un período de mejoría en el que estas personas se encuentran normales, o bien pasar a una fase de manía o euforia. A veces, se pasa bruscamente de la depresión a la euforia. En otras ocasiones alternan varias fases seguidas de euforia o bien de depresión.

La manía o euforia patológica está constituida por síntomas, en cierto modo, contrarios a los de las fases depresivas. El estado de ánimo se encuentra anormalmente elevado, en una euforia anormal. Aumenta, de un modo injustificado y desproporcionado, la propia autoestima y seguridad, apareciendo ideas relacionadas con el sentimiento de aumento de las propias capacidades. Estas personas se vuelven excesivamente imaginativas y comunicativas, expresando multitud de ideas. Su comportamiento se torna desinhibido, indiscreto, incluso descarado, afectándose también en muchas ocasiones la esfera de lo sexual.

Están muy activas a cualquier hora, a pesar de no dormir más que un escaso número de horas, si bien, su rendimiento se suele ver afectado generalmente por su tendencia a pasar con rapidez de una actividad a otra, sin acabar eficazmente casi ninguna. Suelen hacer inversiones o gastos absurdos, o, en cualquier caso, superiores y desproporcionados con su conducta habitual, de las que se arrepienten una vez pasa esta fase eufórica.

Principales características de la personalidad ciclotímica:
-         Inestabilidad emocional.
-         Bruscos cambios de criterio.
-         Grandes y súbitas oscilaciones en la autoestima.
-         Labilidad emocional.
-         Comportamiento imprevisible.